Esta noche, apartamos las mesas y damos paso a El Carnicero. Olvídate de las etiquetas: aquí, las fronteras entre la tradición ibérica y la cruda modernidad se cortan hasta los huesos.
El Carnicero.
En el menú: ritmos ibéricos cortados a cuchillo (no olvides las vendas, que cortan).
Textos en español y francés que diseccionan la realidad con más delicadeza que tu última cita de Tinder (oupsi).
Melodías embriagadoras que se te clavarán en el cerebro como un viejo jingle de supermercado, sólo que con mucha más clase.
Es algo entre tradicional y moderno. Básicamente, es como si tu abuelo español se hubiera comido un sintetizador y fuera muy, muy infeliz. Es íntimo, edificante y mucho mejor que sentarse en casa a ver vídeos de gatos. (No juzgamos, nosotros hacemos lo mismo, tranquilos).
Ven con tus orejas y un poco de segundo grado. El Carnicero se encargará del resto.